Hace poco me paseaba por una librería sin intención de comprar nada, cuando un librito azul me llamó la atención. (Soy así de básica: me acerco a algunos libros por su tamaño y su color. Después los olisqueo, pero eso no viene a cuento). Resultó ser Nací. Textos de la memoria y el olvido, de Georges Perec (Abada Editores, 2006).
“Nací el 7.3.36. ¿Cuántas decenas o centenares de veces he escrito esta frase? No lo sé” (p. 7). Esa primera frase, me decidió a salir de la librería de la mano de Perec. Ya en la calle, seguí leyendo:
“Nací el 7 de marzo de 1936. Punto final. Es lo que hago desde hace meses. ¡De hecho, es lo que sigo haciendo hoy, 34 años y medio después” (p.8). Yo también nací un 7 de marzo, aunque 39 años después que Perec, y como él, es lo que sigo haciendo 33 años y medio después: nacer, decir que he nacido, intentar escribir/me. Continuo leyendo: “La cuestión no es ‘¿por qué seguir?’, ni ‘¿por qué no consigo seguir?’ (…), sino ‘¿cómo seguir?’” (p.9).
Pero se las apaña muy bien para seguir. El libro ha resultado ser una caja de sorpresas donde se mezclan textos muy diversos (una carta a Maurice Nadeau contándole sus proyectos de escritura -llevados a cabo y no-, una entrevista, artículos, una lista de cosas que hacer antes de morir y en fin… textos que yo no sabría cómo clasificar) que terminan por componer un buen retrato de ese que afirma haber nacido. Un retrato fragmentado, sí, atravesado por el silencio, un retrato que puede ser verdadero o falso, pero que es tan sincero, como pocos relatos autobiográficos consiguen serlo (pienso en Bernhard, por ejemplo).
Es curiosa la obsesión de Perec con la memoria y el olvido. Durante épocas de su vida se dedicó a llevar -nos dice- un registro minucioso de “recuerdos y aconteceres de lugares en los que he vivido, enumeración de las habitaciones en las que había dormido, historia de los objetos que hay o ha habido en mi mesa de trabajo, historia de mis gatos y de su descendencia, etc…” (p. 78). En esa línea, uno de sus textos más conocidos es Je me souviens (inspirado en el I remember de Joe Brainiard), donde a través de muy breves entradas de recuerdos consigue re/construir no sólo un paisaje personal, sino el de la Francia de una época.
Me gustan las listas, ya lo habréis notado. Y tiendo a hablar de mí. Me obsesiona también la memoria, tal vez porque lo olvido todo. Quería cerrar esta entrada con mi propia lista de meacuerdos, pero he preferido dosificarlos, irlos soltando por aquí cuando me acuerde. Esta noche soy más bien carne de olvido.
k.

Ese pequeño libro azul de memorias y olvidos tiene, además, -lo tengo ahora mismo entre manos- una textura en sus tapas casi perfecta, rugosa pero no agresiva. Los de Abada saben hacer libros.
De esa costumbre de hacer listas de habitaciones y mobiliarios le sale a Perec un día la idea de ese universo en una cáscara de nuez llamado La Vie Mode d’Emploi. A falta de pocas páginas para terminarlo, a veces pienso que ese libro es imposible y que Perec no pudo ser una única persona, pero al parecer así fue.
Escribes un blog altamente recomendable. Mucha suerte, y que dure lo que tenga que durar el wasabi.
Un saludo.
vas muy bien , me encuentro muy a gusto entre tus palabras y sus palabras…
Hola K! ¡enhorabuena por tu blog, tu comentario está lindo! TE había escrito un comentario larguíisimo, pero se me borró porque no puse los datos. En fin, te comentaba a grosso modo que soy también fanática de las listas.
y te mandaba besos G (la palabra que ya sabes)
y te decía que nos vemos el 20 ¡ya sabes dónde!
Inés